La silla vacía


Posada frente a la mesa de Nochebuena, que refleja júbilo por la llegada del Niño Jesús; a mi lado contemplo una silla vacía: es la de mi hijo,que vive en un lugar muy lejano; a una distancia que solo las alas del avión conocen… La cena comienza y en mi pecho, los latidos de mi corazón, se agolpan como ramas agitadas por intenso viento imaginario. Extiendo mi mano y siento su tibieza. Mis oídos perciben su voz cantarina, e iluminan mis sentidos en el espacio vacío… Allí esta su áurea: dándome calor y afecto… Se me nublan los ojos y mis palpitaciones se agigantan, ya que la lejanía se me ocurre, más penetrante que nunca, acunada por esta ausencia necesaria, pero que duele como cuando un ave herida, pasa agitando sus alas, El sol se apaga, La luna se esconde… Y en un instante contemplo su sonrisa, sus ojos inquietos y su apego por el trabajo… Me digo: ¡Adelante! … El está bien y le disgustaría verme así: con los hombros encogidos por la pesadumbre… Por Ti hijo amado sigo… Y la silla vacía es ocupada, por bellos duendes invisibles, que entonan sus villancicos… ¡¡Ha nacido el Niño Dios en su Pesebre!! Mecha Foderé
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